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Amaranta Gómez Regalado, activista trans indígena mexicana

“Vale la pena que las luchas por los derechos sean conjuntas”

De paso en Chile, la mexicana Amaranta Gómez Regalado, muxhé/trans, presentó el pasado sábado 31 de marzo el primer mausoleo para trans en Latinoamérica, iniciativa impulsada por la organización Traves Chile y financiada por un fondo internacional.

Publicado el 16 de abril de 2018

Tomás García Álvarez

Estudiante en práctica en Londres 38

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(Foto: Gil Lira para onvinoticias.com )

Caminando a paso rápido, Amaranta llegó el pasado martes 3 de abril al Salón Rojo de la Universidad Central. Se hizo un tiempo para participar en un conversatorio sobre identidades sexuales en la universidad, en su copada agenda, administrada por Víctor Hugo Robles, el "Che de los gays". Indígena, trans, antropóloga social y activista por los derechos de las personas trans, a los once años la espiritualidad de su pueblo le susurró que era una mujer y de vestido floreado, en el cumpleaños de su madre, su padre oficializó lo que hace tiempo sospechaba: una muxhé en la familia.

Amaranta recorre América Latina dando charlas sobre el problema del VIH en la población trans y expone sobre la realidad que deben enfrentar a diario los excluidos de la sociedad. Antes de entrar al salón, se sentó en el peldaño de una escalera y conversó con el equipo de Londres 38, espacio de memorias sobre la Ley de Identidad de Género, la criminalización al pueblo mapuche y la importancia del arte para visibilizar las demandas de la comunidad trans.

¿Qué motiva tu regreso a Chile?

Vine el año pasado a promover la convocatoria que estábamos haciendo y que seguimos realizando, sobre el Fondo Trans Internacional (ITF), de la cual yo era copresidenta. Ahora soy de la mesa directiva. En esa ocasión, me reuní con muchas organizaciones trans, en donde les pedimos que presentaran diferentes proyectos porque teníamos la posibilidad de entregar algunos fondos. Este año vine porque una de las organizaciones que presentó su proyecto al Fondo Trans Internacional fue Traves Chile. Vengo al sur del mundo por dos motivos básicamente: fui a Argentina, a la segunda audiencia frente a los jueces por el caso del asesinato de la compañera y activista trans, Diana Sacayán en Buenos Aires, y me invitaron como testiga experta, antropóloga y muxhé en los contextos de vulnerabilidad. En ese mismo marco, coincide el Día de la Visibilidad Trans que fue el 31 de marzo y que con el monto de dinero del fondo, Traves Chile construyó el primer mausoleo para personas trans que muchas veces se van a fosas comunes. Se armó el mausoleo y me pidieron presentarlo públicamente. Nos interesaba mostrar que Traves Chile presentó un proyecto novedoso, necesario y oportuno.

En México, algunos estados han promulgado la Ley de identidad de Género...

Pero no tenemos una ley federal aún. Tenemos cuatro entidades federativas, la primera es la ciudad de México que siempre está en la vanguardia con la lógica de sus gobiernos más "de avanzada". Hace poco, el estado de Michoacán, de Colima, de Nayarit, fueron las otras tres entidades federativas que han aprobado la Ley de Identidad de Género. Pero el resto del país está en debe: en el Código Civil Federal, hay un artículo que establece que cualquier documento que se expida en el ámbito de lo civil, en una de estas entidades federativas, tiene valor en otras entidades federativas aunque cada una tiene su propia autonomía en términos de constitución. Eso ayuda muchas veces a que gente de Chiapas, de Oaxaca o de Chihuaha vayan a Ciudad de México y hagan su cambio de nombre ahí.

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Inauguración del mausoleo de Traves Chile (Foto de El Desconcierto)

En Chile la realidad es bastante diferente ¿Qué opinión tienes sobre la ley que se está tramitando en el Congreso?

Creo que es una buena oportunidad, pero tiene un problema: no tiene lo que tiene la ley argentina, que es para todos. Aquí la ley está limitada porque no incluye a las y los niños trans. Yo diría que muchas veces aspiracionalmente queremos todo -lo cual es lo ideal- pero a veces hay que ir aterrizando en lo real, los contextos políticos cambian. Hay un nuevo gobierno en Chile, hay nuevas posiciones y eso hace muchas veces que no haya voluntad política para que esto avance. Entiendo que si este proyecto no es aprobado ahora, se retrasa un año más. Idealmente diría que aunque tenga estos sesgos, con respecto al acceso de los derechos de los niños y niñas trans, se puede ir avanzando. El Estado chileno daría un mensaje de democracia e inclusión básica para las personas trans si es que la ley es aprobada.

Tu trabajo activista está muy ligado al mundo indígena, eres indígena... En Chile el pueblo mapuche ha librado una lucha histórica y sus autoridades espirituales han sido criminalizadas en el último tiempo al vincularlas a supuestos actos terroristas ¿Cómo ves esta situación?

Lo que subyace de fondo es ese racismo histórico que venimos arrastrando después de quinientos años. Hay sutilezas en los estados de cómo lo hacen, por ejemplo, en México se dice que somos oficialmente 11 millones de indígenas, pero en el fondo está el subregistro de personas que aunque no hablen una lengua provienen de una familia indígena. En definitiva, es la negación histórica de un estado que pretende imponer una única hegemonía de población y terminas siendo casi extranjero en tu propio país o terminan tratándote como tal. Yo veo eso, en el caso de Chile, con otras migraciones: los haitianos, los venezolanos, los peruanos, que ya estaban hace rato. Entonces, en el caso de los indígenas, es el racismo.

Veo que le cuesta mucho al Estado chileno reconocerse multiétnico, multicultural, lo cual valdría mucho la pena porque aceptaría y reconocería la riqueza cultural que estas identidades indígenas le pueden aportar a un país.

En el fondo, sabemos que detrás de esa discriminación hay una pelea por los recursos naturales. Una economía y una zona de confort de los privilegiados, esas pocas manos que manejan los recursos de un país, lo mismo sucede en México. Y la distribución es inequitativa. Cuando una nación dice "soy dueño de" le cuesta mucho al Estado asumir que puede compartir esos recursos.

Por un lado, la lucha mapuche; por otro, la lucha de las disidencias sexuales ¿Sientes que esto converge con los derechos humanos?

Sí. A veces, cuando llegan gobiernos como el de Piñera o los riesgos que se pudo correr en Costa Rica -donde afortunadamente ahora ganó la democracia-, tienen un lado positivo, que es que ese tipo de gobiernos que niegan a muchas poblaciones y muchos derechos, movilizan a la sociedad. Entonces, aparecen los cruces y las ausencias de derechos de la población trans, LGBTIQ+, indígenas, discapacitados, migrantes. Creo que en nuestras luchas nos ha faltado hacer estas intersecciones y necesitamos mirarnos desde ahí para poder exigir nuestros derechos. Solos a veces es mucho más difícil llegar a conquistarlos y, en la medida que te puedas identificar con las necesidades de otras poblaciones, que no necesariamente tienen que ser las tuyas, valdrá mucho la pena que las luchas sean conjuntas.

Hace algunos meses, la cinta chilena "Una Mujer Fantástica" ganó un premio Oscar y logró promover el debate sobre los derechos de la comunidad trans ¿Crees que el cine, las artes en general, permiten visibilizar las demandas de sectores excluidos de la sociedad?

Sin duda, la cultura aporta. A veces no la utilizamos sistemáticamente como para insistir en los cambios culturales que necesitamos. Yo creo que, no solamente en el caso de Daniela Vega, también han habido actrices en televisiones nacionales, por ejemplo, en Argentina, Camila Sosa Villada, quien hizo la primera telenovela pública que trata el tema de las parejas trans, en el gobierno de Cristina de Kirchner, y han habido muchas otras en América Latina. El arte termina siendo una herramienta, que repito, no la hemos usado sistemáticamente, pero deberíamos. A veces, pensamos que personajes como Daniela o como Camila deberían estar en la militancia y en las ONGs ¡y no! en el espacio donde están, están bien. Son un aporte y cada quien desde su lugar lo puede hacer y es necesario. Hacen falta muchas más Danielas y Camilas que nos puedan cambiar ese chip cultural que necesitamos.

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