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Sobrevivir a la impunidad en tiempos de revuelta

Tres jóvenes chilenos, heridos de gravedad por carabineros y militares, hablan sobre la impunidad que han experimentado durante meses de cámaras apagadas y querellas dormidas.

Publicado el 04 de agosto de 2020

PortadaNatalia, Carlos y Pedro son parte de las miles de personas que entre octubre de 2019 y marzo de 2020 sufrieron la represión del Estado en manos de carabineros y militares. Parece existir un sentimiento común cuando se les pregunta por sus casos, y es el siguiente: no hablan sólo de sus experiencias. El sentido colectivo y la preocupación por las afecciones que puedan estar padeciendo otras víctimas de violación a los derechos humanos, ocurridas durante los meses de revuelta social, es transversal y se va asomando a cada instante. Pero no es la empatía o la solidaridad lo único en lo que coinciden, es también la sensación de impunidad, una mezcla que describen entre impotencia, rabia, pena y frustración, y que apareció en sus vidas durante estos meses, sin saber cuánto más profundo será o hasta cuándo seguirá allí.

Las denuncias y querellas que han presentado sus familias y organizaciones de derechos humanos en su nombre, permanecen estancadas en Fiscalía; y en estos meses han debido aprender no sólo a lidiar con una nueva condición física, sino también con la impotencia de ver cómo todos los responsables involucrados en los hechos que cambiaron sus vidas, permanecen impunes y en libertad.

Carlos Astudillo el 20 de octubre de 2019, al ser herido de gravedad por militares en 2019.

Carlos Astudillo el 20 de octubre de 2019, al ser herido de gravedad por militares en 2019.

PACTOS DE SILENCIO

Aún ayudado por sus muletas, Carlos Astudillo, de 25 años, baja con dificultad las escaleras del Centro Integral OHB, al que asiste tres veces a la semana para recibir un tratamiento de oxigenación que le permitirá enfrentar de mejor manera la que será su decimoquinta operación en nueve meses. El 20 de octubre de 2019, a sólo dos días de iniciado el estallido social en Chile, Carlos fue baleado por un militar mientras se manifestaba junto a cientos de personas en el centro de Colina, comuna en la que vive. Las imágenes de Carlos en estado de inconsciencia, ensangrentado y siendo arrastrado por los uniformados, recorrieron el mundo. La crudeza y violencia de los hechos hicieron creer a muchos que el joven había muerto, porque así parecía. "La bala destruyó todo, destruyó el hueso femoral, destruyó arterias, destruyó venas, destruyó nervios, todo lo que estaba a su paso", cuenta Carlos. Un disparo en su pierna derecha, ejecutado por el cabo Pedro Lavín Villalobos, casi lo mata. El militar, sin embargo, permanece actualmente en libertad, con firma quincenal y en ejercicio de sus funciones.

La identidad del agresor directo es un dato que no está presente en la mayoría de los casos de represión registrados durante la revuelta. Pese a que tanto Pedro Ávalos (37 años) como Natalia Aravena (25) fueron atacados a no más de cinco metros de distancia por Carabineros, aún desconocen el nombre del funcionario que les disparó. No se sabe, nadie lo sabe, o nadie quiere hacerlo saber. Para Nicole Kramm, integrante activa de la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular y reconocida reportera gráfica, quien también sufrió daño ocular a manos de Carabineros la noche de año nuevo en Plaza de la Dignidad, en Chile las instituciones y los tribunales encubren a los agresores. "Estamos hablando de nuevos pactos de silencio entre las policías, porque en el momento de las investigaciones, ellos no entregan los antecedentes, no aportan con pruebas, no entregan los registros de cámara, tampoco identifican a los funcionarios que estaban en los piquetes que nos agredieron, han dificultado todas las investigaciones, y obviamente eso implica dejarlas sin culpables. (…) Esto no es nuevo, es prácticamente que la impunidad se vuelve a posicionar con fuerza", afirma.

Esta práctica de ocultamiento quedó expuesta de manera evidente en el registro grabado por un piquete de carabineros en los hechos que dejaron ciega a Fabiola Campillay, en noviembre de 2019: pese a que en el video se menciona al autor del disparo, el material se mantuvo en reserva por más de seis meses dentro de la institución, saliendo a la luz pública en julio de este año y sólo luego de que la fiscal Paola Zárate pidiera en abril el material a Carabineros.

Natalia menciona el caso de Fabiola durante la entrevista, estableciendo una similitud con el suyo no sólo por el modo en el que se ocultan las pruebas sino además porque ella también recibió una bomba lacrimógena en el rostro, sufriendo la pérdida de su ojo derecho. Fue el lunes 28 de octubre de 2019 cuando Natalia llegó a las cercanías de La Moneda, convocada por una concentración en la que se reuniría con un amigo. Nunca lograron encontrarse. Carabineros arremetió casi de inmediato y dispersó a los manifestantes, entre ellos, Natalia, quien corriendo por calle Tarapacá, volteó para ver a qué distancia venía Fuerzas Especiales y recibió el impacto de una bomba lacrimógena que reventó su ojo derecho.

Natalia Aravena sufrió la amputación de su ojo derecho. Hoy usa una prótesis ocular.

Natalia Aravena sufrió la amputación de su ojo derecho. Hoy usa una prótesis ocular.

Apenas pocos días después del hecho y en una entrevista publicada en The Clinic, Natalia afirmaba que la denuncia de su caso ya estaba puesta en Fiscalía, "y se supone que tienen que hacer la solicitud de las cámaras para ver si se puede identificar a alguien". Hoy, a ocho meses de esas declaraciones, ante el paso del tiempo y la falta de justicia, son otros sus pensamientos: "Siento mucha rabia de que los mismos carabineros que nos agredieron sigan haciendo su vida normal, esperando a que no se sepa que fueron ellos, de que no descubran lo que hicieron, porque ellos lo saben, los jefes igual, se cubren entre ellos. Están acostumbrados a eso, a tratar de que no se sepa nada".

La desconfianza que existe hacia las instituciones por parte de las personas agredidas, es una de las mayores garantías de la impunidad, asegura la abogada de derechos humanos del equipo jurídico de Londres 38, Karinna Fernández, lo que genera que las víctimas no se atrevan a denunciar los ataques. En el caso del Chile actual, esto ha afectado la observación del "marco completo de lo que significó y ha significado la represión desde el estallido", afirma Fernández. Según la abogada, existen tres principales áreas de falencias en las denuncias por delitos cometidos por agentes del Estado en nuestro país: el retardo y la falta de objetividad durante las investigaciones; la no suspensión de sus funciones a los involucrados en los hechos; y la falta de una estrategia de priorización de las investigaciones, que permita dar mayor urgencia a la atención de casos de violaciones a los derechos humanos por sobre otros delitos. "Todo esto unido a un gobierno que además fue absolutamente negacionista, que ni siquiera ha querido reconocer el carácter de los delitos, mucho menos hacer un análisis crítico de las labores desempeñadas por los uniformados", dice la legista. Opinión también respaldada por Nicole Kramm, quien denuncia que "los procesos judiciales van muy lentos, no hemos tenido ninguna resolución, las instituciones y el Estado no han apoyado a las víctimas, el programa de reparación es nefasto, hemos recibido criminalización, hemos sido revictimizados, hemos sido amenazados. Ha sido muy complejo".

Carabinero disparando a la altura del cuerpo contra manifestantes.

Carabinero disparando a la altura del cuerpo contra manifestantes.

LAS SECUELAS DE LA IMPUNIDAD

Recuerdos repentinos de los hechos, ansiedad y depresión son algunas de las secuelas emocionales generadas por el estrés postraumático que se experimenta al vivir situaciones de violencia o abuso. Si bien Pedro Ávalos, técnico en comercio exterior e ingeniero en administración de 37 años, se encuentra mejor y ve con optimismo el futuro de las causas, en enero de este año debió internarse durante 15 días en una clínica, producto de una fuerte depresión derivada mayormente, según especifica, por la situación que vivió la tarde del 22 de octubre del año pasado. En las cercanías de la estación Chile España del Metro, comuna de Ñuñoa, Pedro recibió dos escopetazos de Carabineros, siendo herido por ocho perdigones, dos de los cuales aún permanecen alojados en su cuerpo. Padre de dos hijos y de un tercero en camino, Pedro se encontraba en el lugar manifestándose junto a otros vecinos y vecinas cuando, alarmado por los disparos que Carabineros estaba realizando contra las personas, fue a increparlos de frente, recibiendo una primera descarga en el pecho y una segunda en la espalda, mientras se alejaba del piquete tras haber sido herido. "Yo igual al principio estuve bien mal, estuve psicológicamente más jodido con el tema, la depresión fue súper complicada, estuve bien afectado", recuerda.

Por su parte, Natalia Aravena mantiene una terapia psicológica; y Carlos Astudillo, con frecuencia tiene pesadillas en las que aparecen militares o carabineros. "A veces cuando voy en la calle y veo a los militares con sus fusiles, es una sensación horrible. (…) Qué pensarían ustedes si la persona que los intentó asesinar anda en las calles portando un fusil de guerra, e impune. A mí me da mucho terror pensar que él (militar que le disparó, cabo Lavín Villalobos) pueda realizar lo mismo, esa es una sensación de impunidad muy tremenda, y también un blindaje que ha realizado el ejército con su gente", comenta Carlos.

La ausencia de justicia afecta profundamente la estabilidad mental y emocional de las víctimas de violencia, sumando al dolor del hecho, un nuevo dolor: la sensación de impunidad. Para la psicóloga clínica, especialista en casos de violencia, Pamela Fritz, "la impunidad, entendida como la falta de justicia y reconocimiento de las victimas, es uno de los procesos más retraumatizantes para el caso de las víctimas de abuso, de violencia, de violencia política, porque no sólo la institución falla sino que opera, a la vez, en lo psicológico y lo psíquico, como una desmentida. A la víctima se le quita el piso, se le quita el crédito, se le dice 'eso no pasó', y ese es uno de los mecanismos más enloquecedores y traumatizantes que hay".

Carabineros y militares reprimen a manifestantes durante los primeros días de la revuelta social.

Carabineros y militares reprimen a manifestantes durante los primeros días de la revuelta social.

SIN JUSTICIA NO HAY PERDÓN

"Yo no siento odio, pero sí siento injusticia y creo que sin una justicia tampoco hay perdón", dice Carlos, después de ser consultado sobre cuál sería el escenario más favorable respecto a su caso. "Lo que me dejaría tranquilo es que la persona que me disparó pague como se debe, con una pena proporcional al daño que me provocó. Pero creo que él solamente es un pequeño eslabón de todo esto, creo que los verdaderos criminales son los altos mandos", añade, y enumera a Javier Iturriaga, general designado a cargo del estado de emergencia en ese momento, a Andrés Chadwick, entonces ministro del Interior, y a Sebastián Piñera, presidente de Chile. Natalia reafirma esta idea: "Creo que la responsabilidad no es sólo del carabinero que comete una lesión, sino también de los altos mandos que comandan esas directrices, del gobierno, que también dio pie a que todo esto que pasó fuera a suceder finalmente".

La noción que existe de parte de estos jóvenes en cuanto a la justicia en Chile los lleva a establecer además un puente con las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el país durante la dictadura civil y militar. "La violencia de parte de las instituciones, que debieran resguardarnos, se van repitiendo de distintas formas, en la dictadura fue con los detenidos desaparecidos; actualmente hubo muchos traumas oculares, (…) están acostumbrados a actuar con fuerza desmedida, con violencia excesiva, a violar los derechos humanos de las personas", comenta Natalia. Para Carlos, por su parte, "Chile no conoce la justicia, y si la conoce, lamentablemente es sólo para la gente que tiene dinero. (…) Es un país en el que un dictador quedó impune, donde criminales de lesa humanidad están prácticamente en un resort".

Según el último informe del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), son 460 los casos de trauma ocular ocurridos durante octubre de 2019 y marzo de 2020. En el mismo rango de fechas, la Fiscalía contabiliza 413 denuncias. También en datos de la Fiscalía, en ese periodo se realizaron 8.827 denuncias y querellas, de las que 388 corresponden a desnudamiento y violencia sexual. De todas las denuncias, 6.626 son contra Carabineros de Chile.

SOBREVIVIENTES

Carlos Astudillo corre el riesgo de perder su pierna; no pudo titularse; está cesante. Aun así, se detiene un momento y vuelve a pensar su respuesta anterior. "No, no es tanto la justicia lo que yo deseo, sino que todo esto quede en la memoria, que quede en la historia, que todo el mundo sepa que en Chile se violaron los derechos humanos, que intentaron matar gente y que mataron gente, que cegaron gente, y que fue un acto voluntario y político. Esa es para mí la verdadera justicia: que todo esto quede en la historia de Chile y del mundo".

Carlos Astudillo junto a su madre en el Centro de rehabilitación en el que continúa recuperándose.

Carlos Astudillo junto a su madre en el Centro de rehabilitación en el que continúa recuperándose.

Pese a estas afecciones y a lo que ha significado en sus vidas, tanto Carlos como Natalia y Pedro, aseguran que en un escenario de nuevo estallido social, volverían a las calles. "Voy a seguir de todas maneras porque no me olvido de la gente. Yo nunca voy a parar de manifestarme porque las diferencias que existen en este país son demasiado marcadas y eso me afecta como ser humano" dice Pedro. Natalia piensa y siente igual: "Pese a todo lo complicado que ha sido este proceso, yo espero poder seguir saliendo y manifestándome tal como lo hacía antes y sin miedo". Y a pesar de que a Carlos le queda más de un año de recuperación, tampoco vacila: "Yo creo que volvería a salir a la calle antes de que me recupere (…) el día de mañana sin duda hay que salir con más fuerza. A mí todo esto me permite reforzar mis convicciones y estar ahí, estar ahí de nuevo, en las calles". Los tres, pese a todo y después de todo, coinciden en que volverán a manifestarse. Más allá de un perdigón alojado a centímetros del pulmón, más allá de una prótesis ocular en lugar de un ojo derecho, más allá de desplazarse en silla de ruedas y muletas, más allá de todo eso, hay algo mayor que los mueve. Y Carlos, desde sus tranquilos ojos verdes, parece aclarar esa interrogante: "Me gustaría que la gente entendiera que nosotros no somos víctimas de derechos humanos, nosotros somos sobrevivientes de derechos humanos, y hay que dejar claro eso: somos sobrevivientes, somos luchadores, combatientes".

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